Cuba

Una identità in movimento


El adiós del maestro a su discípula: Eliana Cárdenas (La Habana 1951 — Madrid 2010)

Roberto Segre


Resulta habitual que los discípulos escriban sobre los recuerdos del viejo maestro, mientras que lo contrario resulta insólito. Por ello es difícil para él, asumir la dura noticia del fallecimiento de uno de sus discípulos. Así, es triste y doloroso asimilar el fallecimiento de Eliana Cárdenas, la principal historiadora de la arquitectura cubana en la segunda mitad del siglo XX, quien, regresando a La Habana desde España, después de impartir un ciclo de conferencias en diversas universidades de este país, a poco de embarcarse en Madrid tuvo un fatal derrame cerebral, que el 4 de marzo cortó repentinamente su todavía joven vida.

Desde hace cuarenta años Eliana trabajó conmigo en la enseñanza de la historia de la arquitectura y en las investigaciones sobre La Habana que se desarrollaron en la Facultad. Cuando en 1967 ella comenzó sus estudios de arquitectura, la Escuela estaba sumida en un período de dogmatismo tecnocrático. Había sido "ocupada" por el Ministerio de la Construcción, cuyos agentes eliminaron los contenidos artísticos y culturales de la enseñanza, con la excusa que los alumnos, ante la inminente "Zafra de los 10 millones" — que finalmente no los fue —, no debían distraerse con divagaciones intelectuales, y concentrarse en los problemas objetivos de la construcción. Un grupo de profesores se resistió ante tales orientaciones — Mario Coyula, Luis Lápidus, Emilio Escobar, Fernando Salinas, Roberto Gottardi y Roberto Segre, entre otros —, y finalmente en 1969, se regresó a los programas docentes originales. En ese momento, contamos con el apoyo de un grupo de estudiantes y Eliana Cárdenas sobresalió como una de las principales protagonistas en esa lucha por la cultura arquitectónica, que fue la principal pasión a lo largo de su vida. Pero además, su visión de la cultura era dilatada y abarcaba los campos de la literatura, la música, la poesía, el arte, temas en que incursionó exitosamente en libros y ensayos que fueron publicados en Cuba y en el exterior, obteniendo importantes premios nacionales y extranjeros.

En 1972, al finalizar los estudios y descubiertos su talento y vocación, la invité para participar en el equipo de investigación que tenía a mi cargo en ese entonces — el Grupo de Investigación de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo (GIHAH) —, en el que se realizaban levantamientos de La Habana Vieja y estudios sobre su evolución histórica que culminaron en el libro La Habana.Transformación urbana en Cuba, publicado en Barcelona en 1974 por la editora Gustavo Gili. Al cumplir con el Servicio Social Rural, se radicó en Santiago de Cuba, ciudad en la que acababa de abrirse la Escuela de Arquitectura, y en la que formó parte del cuerpo docente para impartir los cursos de historia y teoría. Allí también participó en la elaboración del Plan Director; el Plan de rehabilitación urbana, así como el estudio de los centros históricos de Bayamo y Guantánamo.

En 1977 regresó a La Habana y de inmediato se integró a las actividades pedagógicas en la cátedra de Historia de la arquitectura. Durante más de dos décadas elaboramos en equipo un grupo de libros para los estudiantes de la Facultad. Primero, escribimos el texto de la asignatura Crítica Arquitectónica, en el que se planteaba un método "marxista-semiológico", que hubiese permitido realizar una crítica y un análisis de la obra de arquitectura con un mayor rigor científico y cultural. Fue publicado el libro con los contenidos de la asignatura, primero en Santiago de Cuba y luego en Ecuador, utilizados con gran éxito en varios países de América Latina. Todavía hoy (2010), los profesores bolivianos — país en el que también Eliana impartió clases —, reconocen la validez del método aplicado en los talleres de diseño. No tuvo igual suerte en La Habana, debido a que la mayoría de los profesores de la Facultad, nunca quisieron alejarse de la crítica pragmática y simplista y asumir nuevas categorías de análisis. Eliana siguió profundizando el tema y sus aportes fueron resumidos en el libro Problemas de teoría de la arquitectura, publicado en 1998 en la Escuela de Arquitectura de Guanajuato, México.

También, con Eliana, se elaboraron nuevos contenidos, tanto en la profundización de la arquitectura moderna como en la integración de la arquitectura de América Latina en la temática impartida. Gracias a su entusiasmo y pasión, fueron producidos varios libros, Historia de la arquitectura y el urbanismo. América Latina y Cuba (1984); Historia de la arquitectura y el urbanismo. De los orígenes al siglo XIX (1986); y La arquitectura y el arte del Barroco europeo (1996). Pero ella nunca abandonó su vocación literaria y su interés en relacionar la arquitectura con la literatura, especialmente en la obra de José Martí, que se concretó en el libro José Martí. Arquitectura y paisaje urbano (1988). Sus ensayos, artículos y poemas, recibieron el reconocimiento nacional e internacional: obtuvo el Premio "13 de marzo" de la Universidad de La Habana (1980); el Premio de Crítica Ambiental "Joaquín E. Weiss" (1988); el premio Ensayo "Razón de Ser" de la Fundación Alejo Carpentier (1996); y en México obtuvo el premio Plural de Ensayo en 1981.

Resultaría imposible en este breve espacio enumerar todos los aportes significativos de Eliana a la arquitectura cubana. Ella luchó toda su vida por la significación cultural de la arquitectura, por la valorización del patrimonio histórico, en un contexto adverso, lleno de incomprensiones, de desprecio por la arquitectura como manifestación artística — participó en las batallas de la UNEAC por estos objetivos, tanto en la Sección de Crítica como en la Sección de Diseño Ambiental —, bajo la presión de una visión tecnocrática de un sistema de valores en el que la economía se había convertido e el principio esencial para juzgar el valor de los edificios construidos. En cada evento, en cada seminario, y en los diferentes cargos que desempeñó en la UNEAC, en el Docomomo, en el Icomos, en la Comisión de Patrimonio de La Habana y en la Facultad de Arquitectura, defendió con ahínco la búsqueda de la identidad nacional en la arquitectura cubana, no solamente mirando al pasado, sino en la búsqueda de la innovación y la creatividad en las nuevas obras construidas.

Con una salud precaria, a lo largo de una vida humilde, con escasas condiciones materiales, tuvo que luchar contra la dura adversidad de la realidad cotidiana; desde sus interminables viajes diarios para lograr llegar a la Cujae, hasta la imposibilidad de contar con los equipos técnicos indispensables para realizar sus labores intelectuales. De allí nuestra profunda admiración por su espíritu de lucha, su optimismo, su entusiasmo en llevar a cabo las múltiples tareas que acometía — mucho más allá de sus posibilidades físicas, al impartir clases, dirigir tesis y trabajos de investigación, producir publicaciones, participar en las actividades políticas y administrativas —, con los sacrificios que fueran necesarios, en su identificación total con la Revolución. Durante varios años dirigió casi solitaria la revista de la Facultad Arquitectura y Urbanismo, prácticamente la única publicación especializada en arquitectura que se editaba regularmente en La Habana. Y sacrificando su familia y su vida personal, cumplió con la misión internacionalista de impartir los cursos de teoría e historia de la arquitectura en la Universidad "Agostinho Neto", en Luanda, Angola. Sin contar la infinidad de conferencias que impartió en diversos países de América Latina. En la década de los años noventa, también realizamos en equipo, un estudio sobre la relación entre la arquitectura y el clima en Río de Janeiro y La Habana a través de su historia, en un intercambio entre la FAU de Río de Janeiro y la Cujae.

En este momento, estaba preparando la presentación de su segundo doctorado, y teníamos planeado elaborar en equipo una historia de la arquitectura cubana, desde los orígenes hasta el siglo XX. Y a pocos días de salir de La Habana, entregó a la Editorial de Arte y Literatura un libro con ensayos de mi autoría , que ella seleccionó y acompañó de un largo y detallado prólogo. Su fallecimiento ha creado un vacío insustituible en la historia y la crítica de la arquitectura cubana, que por largo tiempo será difícil llenar. La tarea indispensable para todos los que trabajamos y compartimos su intensa vida, es ahora reunir sus trabajos críticos y publicarlos, para que su esfuerzo, su lucha, su entusiasmo y sus ideales, permitan la formación de las futuras generaciones de arquitectos cubanos. Eliana, tu sacrificio no ha sido en vano, y nos comprometemos a mantener encendida la llama creadora de tu pensamiento.

    Roberto Segre
    Río de Janeiro, 6 de marzo de 2010






Página enviada por Roberto Segre
(7 de abril de 2010)


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